Les Retrouvailles

 

Todo recuerdo es un reencuentro


Les Retrouvailles, Yann Tiersen. Ici, d'ailleurs, 2005.

Por Erick Casablanca

Todos hemos escuchado en alguna ocasión la banda sonora de Amélie (si no te has dado cuenta que la música es otro narrador en el film entonces debes volver a verla y prestar mucha atención), pero jamás nos hemos puesto a pensar quién está detrás de tan maravillosa composición. Alguno por aquí que sepa de cine pensará en Howard Shore, Ennio Morricone, Nino Rota, el tan aclamado Hans Zimmer, como posible compositor de la película francesa pero no, Yann Pierre Tiersen es el genio atrás de dicha banda sonora y para ser más claros, es una recopilación de su música la que dio sonido a la película, una recopilación que sin duda teje las escenas. ¿Basta construir una obra musical basada en algo visual para que lo sonoro logre esbozar una imagen? Pregunta difícil, ejemplos escasos y respuestas inciertas, pero de algo estoy seguro que Yann Tiersen es sin duda alguna un músico visual y bastaría tomar de ejemplo Amélie para darnos cuenta, pero es aquí donde podemos tratar de responder esa pregunta, la respuesta es Les Retrouvailles.

Estrenado el 23 de mayo de 2005, Les Retrouvailles (Los reencuentros, porque en francés será muy complicado para mí) es un disco tan completo en sí mismo que presenta un discurso narrativo en 16 tracks y 43 minutos que logra una película sonora. Rico en instrumentación (acordeón, saxofón alto, violonchelo, clavecín, contrabajo, batería, guitarra, sintetizador Korg, mandolina, marimba, percusión, piano, piano de juguete, vibráfono, violín, órgano, banjo, bajo y voces) de composición clásica, pero también abierta a la experimentación sonora y de sentimientos bien definidos. Los reencuentros  sugiere a través del nombre de sus canciones una mirada a sensaciones desbordantes de emoción, pero eso sí, libres a desarrollar en la imaginación de quien lo escucha.  

Los rencuentros comienza con Western de sonidos inquietos, a través de percusiones y sonidos similares a unas pequeñas alarmas, traza una canción llena de sensaciones de suspenso con guitarras similares a una película Western que deriva, inevitablemente, en el esbozo infantil y apasionante de ser Billy, the kid en el Viejo Oeste; Kala comienza con sonido que se hace distante hasta que una guitarra y las percusiones se van acercando hasta una voz que nos dibuja el dolor de una perdida, que a lo lejos una trompeta va llenando de luz y de imágenes difusas, en uno de los momentos más desesperanzadores del film (sí, sí es un film); Loin des les villes (Lejos de las villas) brinda un reencuentro mucho más amable, uno donde un banjo comienza a movernos con delicadeza, en donde unos violines logran pintar la frescura y la lejanía de una campiña, hasta que un violín se adueña de la pieza y recorre con velocidad las notas como un viento fresco, hasta que aterriza lentamente; La Veillée (La vigilia) abre con un acordeón que inmediatamente traza las callejuelas de un pequeño pueblo y un vibráfono le da movimiento, lo pinta y recorre, y el lugar se va llenando de vida y  movimiento con los pequeños arreglos de saxofón, hasta que nuestro oído se fija en un violín y se va cubriendo de nieve con Plus d’hiver (Más inviernos) donde piano, violín y voz cambian la atmosfera hasta llevarnos a los inviernos presentes y la lejanía de los inviernos pasados; A ceux qui sont malades par mer calme (a los que están enfermos en mares tranquilos), se detiene a mirar el presente (con un piano tan jazzístico que solo puede recordar a Bill Evans) y nos llena de una nostalgia reflexiva, plagada de percusiones y de pequeñas ondas de themerín comienza a dibujar de una silueta llena de calma  en la superficie pero de  inquietudes internas. A Secret Place, se presenta como una canción mucho más “sencilla” en su estructura pero volcada de emoción y es Le Matín (La mañana) con un piano fluido y rebosante de dulzura entre sus arpegios el que nos logra llevar, de nuevo, a los recuerdos y una de las canciones más memorables; Les enfants (Los niños), retorna a una emoción distante, ansiosa y veloz, como si violín y arreglos corrieran en una competencia (una carrerita, si lo prefieren); Le Jour de l'ouverture (El día de la inauguración), nos pinta un amor perdido. Con La Boulange (La panadería) comienza el cierre del disco, donde con una tempo más rápido que los 3 tracks anteriores, violín, voz y pequeños arreglos de piano, batería y guitarra, invitan a la exaltación, una exaltación fugaz que se transforma en un piano determinante  lleno de curiosidad y de incertidumbre entre las olas lejanas de La Plage (La playa), en donde una voz femenina se hace presente para dibujarnos una silueta femenina que desborda añoranza, dolor y nostalgia, en Mary, con un desbordante de placer en recordar, pero contenida de dolor y tristeza , narra la importancia de María en la vida del personaje al que hemos acompañado todo el camino y se siente el vacío que deja la muerte. El silencio se vuelve un elemento fundamental que a lo lejos se torna en el tañir de distantes campanas que dan vida a 7 p.m en donde de nuevo el violín se encargará de dibujar un taciturno recuerdo repleto de notas que parecen hacer un collage de pequeños instantes cercanos a una placeta de iglesia… hasta llegar a Les retrouvailles que parece ser un alegre, pequeño y feliz preludio a la pieza final, no sin hacernos sentir que volvemos a un estado de conciencia en el que recordar es vivir. Finalmente, en La Jeteé (El muelle) con un órgano enérgico que parece hacer un recuento de todo lo vivido en el que el recorrido ahora es de atrás hacia adelante, en el que se pierde la compostura, en el que recordar es vivir, en el que queda claro que cada recuerdo es un rencuentro.

Es cierto que no tengo los suficientes elementos de teoría musical para decir que todo lo anteriormente descrito está hecho de esa forma, ni mucho menos considerar que Tiersen quiso reflejar estas escenas, pero si algo es claro para mí es que las emociones y sensaciones son claras en cada una de las canciones y son material dispuesto para formar imágenes (como toda canción) pero lo que puedo asegurar es que es un disco que busca ensamblar todas estas sensaciones y sentimientos para formar una sola idea, con un hilo narrativo que presenta una historia (y hay muchos discos conceptuales que no logran eso), una película sonora que habla en primera persona y que nos invita a dibujar y rescribir con esos elementos una historia, la nuestra o la de Tiersen. Es Los rencuentros un disco exquisito, lleno de elementos, flexibilidad y también cohesión.

Calificación: 100/100

Canciones más reproducidas en el blog: Mary, Kala, Le Matín, La Plage, 7 p.m., La Jeteé.


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