Libertango
Mi libertad es tango
Libertango,
Astor Piazzolla. Casorello records. 1974.
Por Erick
Casablanca
Digamos
que te quitas los zapatos, te recuestas en la cama; te pones los audífonos, te
prendes un cigarrillo o le tomas a tu té, le pones play y de pronto, abruptamente,
unas notas de bandoneón condensan el ambiente, escuchas, casi crepitantes, los
platillos de una batería nerviosa que crece y crece junto con una guitarra
eléctrica, hasta que un violín firme, pero sensual, condensa el aire con su voz
para dar paso, tan solo un momento, de nuevo, al bandoneón que parece perder
fuerza y parece luchar con el violín que se disuelve en el ambiente, así abre
la pieza homónima de Libertango. Quieres meditar lo que has sentido,
pero apenas comenzabas a descansar cuando ya ha comenzado Meditango que
revitaliza una atmosfera tensa, pero llena de misterios. Esta vez el bandoneón
parece estar susurrándote algo al oído, una sensación de fuerza que se vacía
solo para llorar, hasta que la batería lo reconforta con su fuerza, el violín
lo levanta y, ahora, parece más vivo que nunca; batería, viola, bandoneón y
guitarra parecen lograr concordia, cuando de pronto, el bandoneón, se queda
solo y vuelve a llorar…hasta que violines y batería comienzan a invadir su
discurso, casi que lo acompañan ahora, pero es una sensación diferente, una
llena de encanto, hasta esfumarse.
En
ese vaivén de energías, tensiones y distensiones, pareces perderte, no sabes
con precisión qué sientes, ni mucho menos qué estás escuchando, solo sabes que
es algo distinto, como si esta vez, en todo el tiempo que llevas gozando de la
música, descubrieras que los instrumentos hablan, que tienen vida propia.
Mientras resuelves tus preguntas, escalas de un tono más amable de ese
bandoneón parecen casi alegres por un momento ¿lo notas? es más de uno, parecen
dos y parecen, muy en el fondo, recordar algo, como si narraran una vieja
historia emocionante, pero con dejo de nostalgia, una despedida, un adiós, Adiós
Nonino. Tu habitación ha cambiado de atmosfera en más de una ocasión y no
te sientes cansado/a, te sientes excitado/a porque ya cruzaste la línea en la
que poner stop era una opción. Decidiste continuar. Un momento de silencio
llena la habitación, el único momento que has tenido en casi media hora se
rompe con una sonido sigiloso y distante del bandoneón que poco a poco se
acerca, luego aparecen las guitarras y en un increcendo, todos los instrumentos
parecen moverse entre el sigilo y la velocidad, entre la delicadeza y la
brusquedad que genera Novitango. En el vendaval de escalas, tiempos y
ritmos, notas algo que se sale de tono, un órgano se escucha cercano y lúgubre,
de nuevo, el instrumento protagonista, con un tono taciturno y triste, habla,
en un ambiente contaminado de melancolía (si pones atención hasta escuchas el
palpar del músico con el instrumento) en una melodía que por momentos parece
distraerse, parece ensimismarse y de golpe olvidar su pena con apenas algunos
destellos de alegría que de nuevo se vuelven a caer. Igual que la tristeza que
has sentido tú. Un Tristango. Te quitas los audífonos, te paras y te
estiras, suspiras. Ya escuchaste Libertango.
Libertango
es el disco más icónico de Astor Piazzolla. No es solo un disco, sino un
manifiesto de libertad (de liber-tango), uno donde plasma sus grandes ideas
sobre la forma nueva de hacer y las
respalda con sus argumentos, con compases más tensos, casi jazzísticos, con
melodías robustas de emociones y arreglos delicados que embellecen las
composiciones llenas de un misticismo, erotismo y tragedia, embellecidas por un
dejo de una esencia de muerte, muy distintas al tango de sus antecesores que
conteniendo la misma belleza, era de confección más rústica, más arrabalera. Un
tango donde la voz no es de un “Shakespeare lunfardo” sino del bandoneón para
ser la que llore “su ronca maldición maleva”.
Uno que el gremio del tango no recibió con aplausos, sino con desprecio
por alejarse del “buen tango”.
Astor
Piazzolla y su Libertango cambiaron la forma de hacer tango, agregando una
instrumentalización que era impensable: guitarras eléctricas, órgano, bajos,
flautas, solo por mencionar algunos. Pero no solo eso, además, sus
composiciones llevaron al tango a un nuevo lugar en la música universal,
pasando de ser un género popular y de arrabal a ser escuchado en las altas
esferas de la sociedad porteña (de Buenos Aires) y a reproducirse en teatros y
auditorios.
32
minutos logran avivar el tango a niveles impensados, en donde melodías, tempos
e instrumentación potencian los sentidos del escucha y donde demuestra que el
tango cabe en todas partes, y que la música es, general, libertad.
Calificación:
100/100
Canciones
más reproducidas en el blog: Libertango, Novitango, Amelitango, Tristango.
Lucky
Strike: Si te interesa conocer más de Piazzolla, busca en Spotify la playlist
“El tango tan temido”.



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