Medianoche en París, Woody Allen: Selección musical.
No llegamos al amanecer…
Midnight in Paris. Woody Allen. 2011.
Por Erick Casablanca
Tal
parece que la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” resulta un yacimiento
inagotable para el arte y para nuestras experiencias vitales ¿no? Porque quién
no se ha puesto los audífonos y ha escuchado una canción que la siente tan suya
que la vida se derrama entre acordes, melodías y armonías hasta sentir el deseo
de experimentar, si quiera una vez, vivir en aquella época en la que tal o cual
artista estaba vivo o vigente para poder verlo/a o, aún más complejo, vivir el
ambiente de tal o cual corriente (en este caso) musical. Así se nos va la vida
a muchos, porque nada hace desear más el pasado que un presente lleno de
decepciones. Woody Allen lo sabe bien. Es a lo único que se ha dedicado los
últimos años en el cine (sin mencionar la promoción turística de ciudades del
primer mundo)
Allen
puede ser de tu gusto o no, pero lo que es innegable es que algo sabe de cine
(cuatro estatuillas de la academia no son tan poca cosa como los snobs a veces
dicen), y también de música pues, sin duda alguna, sus selecciones musicales hacen
una simbiosis precisa con dirección y guion. La popular Medianoche en París
quizá sea una de las más recordadas, pero ¿por qué? ¿qué hay en ella que la
vuelva “encantadora”? ¿por qué? ¿acaso es mejor que la de Vicky y Cristina
Barcelona, Annie Hall, Mannhattan? Incluso, combatiendo con un
periodo histórico cercano ¿puede competirle Magia a luz de la luna? Difícilmente.
Un repertorio mejor solo en la película sobre Django Reinhardt (vayan a
escucharlo, no se arrepentirán), pues no, la música de Medianoche en París
encanta por la propia lejanía que tiene el público con ella y es, además, una
breve clase de historia de la música que sonaba en París, sí, justo en los años
20-30, poco más.
Este
soundtrack está conformado por 16 canciones todas ellas con un hilo conductor: sus
compositores vivieron en París durante la época mencionada. Estas 16 canciones
se deslizan sutilmente en todas las escenas, lo cuál le da equilibrio con lo expuesto
en escena y da sensación de ambiente, incluso, algunas ni siquiera se perciben
por momentos, son solamente complementos para tomas inspiradoras y “románticas”
de una persona caminando por la capital gala; otras, un relleno sonoro en los
momentos intrascendentes como las discusiones entre Gil e Inés o los paseos con
el pedante Pole, nada más; por otro lado, hay en mi opinión 3 canciones
sumamente trascedentes que muestran, sonoramente, ambientes ligados a la
verdadera bohemia de los años 20 y a la cotidianeidad parisina; las cuales, si
te gusta la película, identificarás fácilmente.
Let’s Do It
( Let’s Fall In Love), Cole Porter: El fabuloso cantautor estadounidense
se casó en París, además de sonar en los pequeños cabarets y teatros de “la
ciudad de las luces”. La escena en la que Gil conoce a los Fitzgerald recrea a
un Porter tocando en el piano esta canción. La temática amorosa, alegre y
apasionada contrasta con un piano “juguetón” tan marcado por los musicales de Broadway
de la época contagiado por el ya primitivo jazz de orquesta asentado en los
bares de Montmartre (La Roma y La Condesa de París). Dotando la escena primer
escena de la época soñada por Gil de familiaridad, calidez y belleza.
La Conga
Blicoti, Joséphine Baker: hablar de Baker es hablar de la historia del
Harlem y del movimiento musical más sensual desde el “Can Can” y de una de las figuras
principales de la historia afroamericana (supongo que eso nos puede valer para
hablar en otra reseña). Después de conocer a algunos de sus ídolos encontramos
a Gil asombrado por la belleza de una mujer afroamericana bailando “sensualmente”
con una estola blanca y todos los invitados del lugar rodeándola y admirándola perplejos.
Lo cual da, sutilmente, una idea de la sensualidad de los espectáculos de cabaret,
además de hacer consiente a Gil de que realmente se encuentra en la época soñada
rodeado de muchas de las personas que admira.
Charleston, Enoch
Light & The Charleston City All Star: Cuando llegamos al momento cumbre de
la película Gil se encuentra a Adrianne (amante de Picasso) en una fiesta y la
escena abre con él en la pista bailando Charleston, la música de ambiente y
baile por excelencia durante los 20’s, lo cuál, fija la adaptación del protagonista
a una época que no es suya, pero ya la siente como tal.
Estos tracks logran dar similitud a los
ambientes nocturnos y bohemios en los que el protagonista se desarrolla en la
historia (y también históricamente). Si bien ninguno dura más de 2 minutos,
logran impregnar lo suficiente la atmosfera para que las melodías se inoculen
en el espectador y se quede con la “tonada”, pues todas ellas son en general
alegres y rítmicas, dignas de una noche de fiesta.
Debemos
ser puntuales en lo siguiente: esto no quiere decir que las otras 13 que forman
el repertorio sean malas, sino que simple y sencillamente no logran ser
explotadas en su totalidad ya que forman parte de una selección mal
distribuida, pero bien colocada. Ejemplo de ello son Si tu vois ma mère
de Sidney Bechet que es el tema con el que abre la película acompañando tomas
de los sitios más icónicos de la ciudad y que, al desarrollarse la historia, se
encontrará como tema principal en los momentos inspirados de Gil y que deja en
el escucha una serie de clichés sonoros asociados a París; el otro, Bistro Fada,
que rememora al gran Django Reinhardt y que asociamos con el paso del tiempo
presente al pasado (o sea, a los años 20). Finalmente Ballad Du Paris,
la única pieza con el acordeón más notorio y que logra impregnar un dejo de
nostalgia a la película y que, de nuevo, rememora varios clichés sonoros de una
persona nostálgica paseando a las orillas del Sena.
En
resumen: 6 canciones de 16 logran llamar la atención por la exactitud de su
sonido con las escenas y algunas por su repetición. El resto de los tracks desafortunadamente
terminan en la intrascendencia debido a la falta de momentos que las hagan
lucir, porque buenas canciones sí son.
Así es
como Medianoche en París nos entrega una selección musical riquísima y
lo suficientemente inspiradora como para terminar la película y curiosear en
internet sobre la música que acabamos de escuchar; desafortunadamente, la caída
en lugares comunes de la “mágica” historia no le permite a la música ser una
voz protagonista en más de 4 escenas, pero sin duda alguna, los pocos momentos
que tiene pueden ser preciosos, precisos y suficientes para desear, al menos,
buscar en Wikipedia quién fue Cole Porter.
Calificación:
70 de 100
Lucky
Strike: Si te gusta la música en general de esta película te recomiendo
escuchar Django Reinhardt, Sidney Bechet, Charlie Parker (Sobre todo el disco April
in Paris) y algún recopilatorio o playlist de Dixeiland.


Jazz Manouche también quedaría bien y la música de Louis Jordan, que tiene estos tintes fiesteros de Nueva Orleans de los años 20
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