WHIPLASH O DEL PATETISMO

 





Por Uriel López

ig: aulopz

En el arte hay figuras que estimulan el patetismo; personajes unas veces, artistas otras tantas. Esta vez quiero hablar de personajes patéticos con ideas patéticas y románticas. Creencias, corrijo, que se instalan en el imaginario colectivo y se idealizan a través de la industria cultural en una suerte de malicia marquetera y revisionismo histórico inescrupuloso. Estas creencias vienen, intuyo, impulsadas por una necesidad de heroísmo moderno de lucha interna. Un heroísmo patético que se resuelve con la persona involucrada llegando a buen puerto después de luchar contra un enemigo imaginario que, oh sorpresa, resulta ser el protagonista mismo.

Hablemos, pues, de Whiplash (2014)…

La primera vez que oí hablar de Whiplash fue como dos semanas después de su estreno en cines. Me la recomendaron, dije que la vería, pero, como siempre, fue un autoengaño, no la vi… admito que me da flojera ver películas. La segunda vez que volví a oír de la película fue seis años después y por (otra vez) recomendación de unos amigos que, curiosamente, me dijeron “tienes que verla” el mismo día a horas y lugares distintos. Me prometí verla al otro día, sólo por lo curiosa que me resultó la coincidencia. La semana pasada volví a verla. Me llevé una grata sorpresa en ambas ocasiones.

Whiplash narra la historia de un joven estudiante de música llamado Andrew Newman el cual apenas es su primer año en el Conservatorio Shaffer, la vida de éste se ve súbitamente afectada por la invitación de un profesor para tocar en una banda de jazz que él mismo armó, un profesor con una fama temida y respetada al mismo tiempo: Terence Fletcher. No cuento más porque, en primer lugar, no es mi intención hacer un resumen del filme y, en segundo lugar, porque de lo que quiero hablar es del fenómeno cultural y social al que la película hace alusión.

En una entrevista, el director y escritor de la película, Damien Chazelle dijo que su inspiración fue autobiográfica; tuvo un profesor de mierda. Supongo que es algo con lo que millones de personas nos podemos identificar, afortunado el que nunca tuvo que lidiar con un profesor un tanto parecido o igual (ojalá no) a Fletcher. El mensaje del filme, y a lo que voy, es uno que nos hace preguntarnos: ¿cuál es el límite entre una pasión y una obsesión? ¿De verdad el artista debe empujarse a sí mismo a tales extremos?

Poder y abuso

Dije en un principio que hay personajes que estimulan el patetismo y Andrew y Terence son el dúo perfecto que lo representa. Ambos personajes son terriblemente patéticos, un tándem que se nos presenta como el típico maestro-alumno de siempre, sólo que esta dupla lleva a cabo una serie de imaginaciones y creencias que simplemente al ver la película, a pesar de lo terrible que llega a resultar todo, el espectador sólo puede sentir lástima. Fletcher expone a sus alumnos y en especial al protagonista (obviamente) a una presión psicológica increíblemente abrumadora. El personaje grita, insulta, menosprecia e incluso agrede físicamente a sus alumnos.

La dinámica de poder es muy clara desde el inicio, Terence Fletcher es quien, como un dios, dicta lo que es o no correcto dentro de su banda, sus alumnos callan y acatan todo por miedo, sometidos al poder que ejercen sobre ellos. Asimismo, Fletcher, cual líder de secta, manipula los sentimientos de Andrew; me explico: hay un momento en el que el maestro pregunta sobre la vida del alumno, parece interesarse y lo motiva a seguir diciéndole que él fue elegido por algo y que es bueno, sólo para que segundos después le grite e insulte.

La relación de poder-dominio es también sutil. Terence impulsa a Andrew más allá de sus límites al ponerlo a competir con otros estudiantes al tiempo que le dice que debe ganarse el puesto en la batería de la banda, llevándolo a que sus relaciones interpersonales se vean afectadas: Andrew pelea con su familia y rompe con su novia debido a esta presión a la que es sometido… ¡prácticas de un culto!

El patetismo de creer en un mito

El largometraje se pasa y atraviesa al espectador como un rayo, todo es furibundamente rápido, todo pasa de un momento a otro. El film está hecho de esta manera para que junto con Andrew crucemos rápidamente la línea entre una vocación apasionada a una obsesión desmesurada. Dicen que una mentira repetida varias veces se convierte en realidad. En este caso, Fletcher es quien cuenta esta mentira y la repite como un mantra a Andrew para que éste se la crea. La mentira es de doble filo: motiva al joven aprendiz y reafirma la posición de poder del maestro. Dicha mentira va más allá, y es que esta eleva el claro pésimo método de enseñanza de Fletcher a uno que convierte a personas ordinarias en leyendas de la música, una especie de revisionismo histórico que es, hoy en día muy usado para agregarle dramatismo a la biografía de un artista.

La mentira es una anécdota sobre cómo es que Charlie Parker (catalogado por algunos críticos como el músico de jazz más importante del siglo XX), se convirtió en el músico virtuoso que fue. La anécdota poco me importa, lo que me importa es resaltar la importancia que tiene el discurso del éxito nocivo, ya que dicha anécdota cuenta cómo el ascenso a la fama fue a través de una agresión y humillación por parte Joe Jones a Parker y esa misma agresión lo hizo retirarse por un momento para practicar y practicar hasta volverse uno de los músicos más importantes de la historia.

Lo anterior es revisionismo. Eso no ocurrió exactamente así. Sin embargo, tanto la película como en la vida real podemos ver constantemente esa ensalzación del artista atormentado, que logra, por vicisitudes del destino, afrontar todos sus problemas y salir avante de todo, convirtiéndose así en una leyenda del arte que practica. Y con esto no quiero decir que sólo en el arte ocurre esto, ocurre en cualquier sector en el que se pueda tener “éxito”. Así pues, tenemos este revisionismo que se usa como arma arrojadiza para justificar el abuso que en Whiplash es clara: para ser Charlie Parker, debo someterte a una presión y humillación constantes porque sólo los grandes artistas logran “despertar” de esta manera. Patético, si me lo preguntan a mí.

Es por eso que los personajes de Whiplash me parecen patéticos, creen en algo que de principio de cuentas es falso, lo endiosan y lo usan para justificar sus actitudes de mierda, y lo aclaro aún más: por un lado, Andrew necesita llegar a la cima del reconocimiento de Fletcher y se ha tragado el cuento de que para ser mejor debe someterse a los designios de su maestro. Por otro lado, Fletcher necesita ser el amo, si no hubiera gente que lo necesite, sus motivaciones y pensamientos sólo lo conducirían (como se nos muestra) a tocar en un pequeño bar sin mucho público.

Ambos son patéticos y la culminación es la escena final: los dos sonríen porque el método funciona a costa de la salud mental de Andrew. Whiplash nos dice que el círculo se ha cerrado, que ambos consiguieron lo que necesitaban y que posiblemente el joven baterista repetirá el destino del exalumno de Fletcher al que se hace referencia en dos ocasiones. Ambos se han sumergido en un mundo de idealización de lo que el arquetipo romántico de “el sacrificio del artista” les ha dicho sobre cómo funciona el éxito. Los dos son tan peligrosamente patéticos como el mito en el que creen.

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